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ClientEarth

14 de enero 2025

Contaminación
PFAS
Unión Europea

¿Por qué son tan perjudiciales los PFAS para las personas y el planeta?

¿Qué son los PFAS? 

Los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) son un grupo de más de 14.000 sustancias químicas sintéticas, es decir, creadas por el ser humano, resistentes al calor, al agua, al aceite y a la grasa.

Sus moléculas contienen una cadena de átomos de carbono y flúor unidos entre sí, uno de los enlaces químicos más fuertes de la química orgánica. Ese enlace, prácticamente irrompible, es lo que hace que los PFAS sean tan estables (resistentes al calor, entre otras propiedades), pero también lo que hace que permanezcan durante décadas. De hecho, son tan difíciles de degradar que se acumulan en cantidades cada vez mayores en el medio ambiente y en el cuerpo de las personas. Por eso se les conoce también como «químicos eternos».

Se obtienen a partir de productos petroquímicos, que se fabrican con combustibles fósiles, en concreto con petróleo y gas.

 

¿Para qué se usan los PFAS? 

Los PFAS se consideran útiles sobre todo por su durabilidad y por propiedades como ser antiadherentes y repeler el agua y la grasa. Por eso están presentes en muchos productos de uso cotidiano, como sartenes y moldes para hornear, ropa y calzado de exterior, muchos cosméticos, tejidos y envases de alimentos.

También se utilizan ampliamente a escala industrial: en los sectores aeroespacial y de la automoción, la construcción, la electrónica, la biotecnología, la producción de energía, la industria farmacéutica, la fabricación de textiles y de materiales de construcción, y en muchísimos otros. Por ejemplo, se encuentran en las espumas que se usan para apagar incendios. En pocas palabras: los PFAS están en todas partes.

¿Por qué los PFAS son un problema? 

Los estudios científicos han identificado varios problemas de salud derivados del uso de los PFAS. A medida que avanza la investigación, crece la evidencia sólida de que la exposición a los PFAS puede provocar:

• Algunos efectos sobre la reproducción, como una menor fertilidad o una tensión arterial más alta en mujeres embarazadas.

• Efectos o retrasos en el desarrollo infantil, como bajo peso al nacer, pubertad adelantada, variaciones óseas o cambios de comportamiento.

• Un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer, como los de próstata, mama, riñón y testículo.

• Supresión del sistema inmunitario, lo que dificulta que el organismo combata las infecciones y reduce la respuesta a las vacunas.

• Interferencias con las hormonas naturales del organismo y alteraciones del sistema endocrino.

• Niveles más altos de colesterol o un mayor riesgo de obesidad.

Dada la enorme variedad de PFAS, cada uno con efectos y niveles de toxicidad potenciales distintos, es probable que se esté subestimando el conjunto de efectos sobre la salud que provoca la exposición a estas sustancias. Además, hasta ahora los estudios se han centrado solo en un pequeño número de ellas.

Las personas pueden estar expuestas a los PFAS de muy diversas formas y en distintas etapas de la vida. A ello se suma que los tipos y los usos de los PFAS cambian constantemente, lo que multiplica las vías por las que las personas pueden contaminarse y verse afectadas.

También está el llamado «efecto cóctel»: las personas están expuestas a mezclas de distintas sustancias químicas, entre ellas los PFAS, que pueden agravar el daño a la salud y ampliar su alcance.

Lo que está claro es que muchos expertos de la UE reconocen que el conjunto de la familia de los PFAS entraña riesgos para la salud suficientes para justificar el estudio de una prohibición total, sobre todo porque su concentración en el cuerpo de las personas no deja de aumentar.

Que se haya demostrado que los PFAS tienen efectos negativos para la salud resulta especialmente preocupante, dada su presencia generalizada, su persistencia y lo expuestos que estamos todos a ellos, de formas muy distintas, cada día. Por ejemplo, los estudios han detectado PFAS en la sangre y en la orina de las personas.

¿Cómo nos exponemos a los PFAS? 

Además de a través de los objetos cotidianos que los contienen, nos exponemos a los PFAS de muchas otras formas, simplemente en nuestra vida diaria. Pueden estar en el agua que bebemos, en los alimentos que comemos, en el aire o en el suelo.

Algunas personas están más expuestas que otras, por ejemplo, quienes trabajan con materiales o equipos que contienen PFAS. La infancia está especialmente expuesta, porque niños y niñas ingieren más agua y alimentos y respiran más aire por kilo de peso corporal que las personas adultas.

Los más pequeños se exponen además a más PFAS al gatear por el suelo y llevarse a la boca objetos que no son comestibles. Es un problema especialmente grave porque la infancia es también más vulnerable a los efectos negativos de los PFAS, ya que su sistema inmunitario aún está en desarrollo.

Las concentraciones elevadas de PFAS en mujeres embarazadas también pueden perjudicar el desarrollo del feto.

¿Cuáles son los PFAS más comunes y para qué se usan? 

El ácido perfluorooctanoico (PFOA) y el ácido perfluorooctanosulfónico (PFOS) son dos de los PFAS más utilizados y estudiados. Su gran estabilidad y su baja tensión superficial los hacen muy útiles, por lo que se han empleado de forma generalizada en productos que van desde utensilios de cocina y envases de papel para alimentos hasta productos de cuidado personal, moquetas y espumas contra incendios.

El PFOA se ha utilizado para que los productos sean antiadherentes, impermeables y resistentes a las manchas, y se ha encontrado en productos con materiales como Gore-Tex® y Teflon®, en cosméticos antiedad, en el hilo dental e incluso en el aceite para bicicletas. También es un contaminante habitual del agua potable.

El PFOS se ha utilizado sobre todo para que los productos resistan las manchas y como protector de tejidos. La perfluorooctano sulfonamida (PFOSA) es un compuesto PFAS que se degrada en PFOS en el medio ambiente.

Debido a estas propiedades, el PFOA y el PFOS se degradan con muchísima dificultad. Se encuentran con facilidad y en grandes cantidades en el suelo, los sedimentos, los lodos y la biota, así como en los medios acuáticos.

Por dañinos que sean los PFAS, sus propiedades únicas, como la antiadherencia, explican que estén presentes en un gran número de productos cotidianos. Pero ya existen alternativas para la mayoría de sus usos, o se están desarrollando, así que no tenemos por qué depender de ellos.

¿Qué queremos que se haga con los PFAS? 

Pese a sus riesgos, solo un puñado de PFAS están regulados en el mundo. El PFOS, el PFOA y el PFHxS se han prohibido en virtud del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP). En 2025 se sumaron al Convenio los ácidos perfluorocarboxílicos de cadena larga. Esa inclusión reconoce expresamente su toxicidad, su capacidad de bioacumularse y su resistencia a la degradación natural. En la UE, además, desde enero de 2026 se aplican límites de PFAS al agua potable y, desde agosto de 2026, a los envases de alimentos.

Creemos que hay que ir mucho, muchísimo más allá. Esto es lo que queremos que ocurra con los PFAS:

  • Más transparencia para todos. Las empresas deben dar a consumidores e inversores información mucho más clara y accesible sobre los posibles daños de los PFAS y sobre qué productos los contienen. Lo mismo vale para las autoridades: también necesitan que las empresas les faciliten información clara sobre los PFAS 

  • A universal ban on PFAS. En Europa, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) está evaluando una propuesta de restricción universal de los PFAS. Creemos que debe aprobarse cuanto antes y con el alcance más protector posible, pero las empresas interesadas en que los PFAS no se regulen más están ejerciendo una enorme presión en contra. Las autoridades deben aprobar la prohibición más estricta posible, pese a esas presiones. *Actualización: En marzo de 2026, el Comité de Evaluación del Riesgo de la ECHA emitió su dictamen definitivo.

  • Que empresas y gobiernos den prioridad al verdadero coste social de los PFAS. El coste para el conjunto de la sociedad de seguir usando sustancias químicas tóxicas supera con creces sus beneficios. Por ejemplo, se calcula que, si no se limitan las emisiones, limpiar la contaminación por PFAS en Europa costaría 2 billones de euros en 20 años, con una factura anual de 100.000 millones. Y eso sin contar los costes sanitarios: se estima que la exposición a los PFAS cuesta a Europa entre 52.000 y 84.000 millones de euros al año en gastos de salud. Hay que tomárselo en serio. 

  • Que se conozca mejor, y se tenga en cuenta, el vínculo entre los combustibles fósiles y los PFAS. Alrededor del 99 % de los productos petroquímicos, entre ellos los PFAS, proceden de combustibles fósiles. El sector petroquímico, que produce los PFAS, es el mayor consumidor industrial de combustibles fósiles y el tercer mayor emisor industrial de gases de efecto invernadero. Detrás de la industria de los combustibles fósiles y de la química están los mismos actores, y tenemos que poner fin a esa dinámica si queremos limitar los efectos del cambio climático. 

  • Que se conozcan mejor, y se tengan en cuenta, los riesgos que los PFAS suponen para los inversores. Los PFAS entrañan riesgos financieros para quienes invierten en las empresas que los utilizan, por varios motivos. Si esto se conociera y se tuviera más en cuenta, lo más probable es que hubiera desinversión en PFAS.

¿Qué está haciendo ClientEarth respecto a los PFAS? 
Apoyamos la acción legal contra la empresa química Chemours

Chemours impugnó la decisión de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) de incluir un grupo de PFAS nocivos en la lista de la UE de sustancias extremadamente preocupantes.

Intervinimos en el procedimiento en apoyo de la ECHA, junto a nuestra organización aliada CHEM Trust. El Tribunal General de la UE confirmó que estos PFAS, conocidos como «GenX», debían figurar en la lista de sustancias extremadamente preocupantes. Chemours recurrió, pero el Tribunal de Justicia de la UE desestimó su recurso en 2023.

Defendemos la reforma de REACH, la principal ley de la UE sobre sustancias químicas

La versión actual de la principal ley de la UE sobre sustancias químicas, el Reglamento REACH, no está a la altura de la realidad de la contaminación química. Su reforma estaba prevista para 2023, pero se aplazó. Trasladamos a las autoridades lo que esperamos de ella: un plazo para eliminar progresivamente las sustancias químicas peligrosas, más transparencia sobre ellas, que su uso esté lo más confinado y restringido posible y que las víctimas de la contaminación química tengan un mejor acceso a la justicia.

*Actualización: En la primavera de 2026, la Comisión Europea descartó por ahora una revisión completa de REACH y optó por ajustes técnicos.

Trabajamos por la prohibición de los PFAS en Europa

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) está evaluando una propuesta de restricción universal de los PFAS. Creemos que debe aprobarse cuanto antes la prohibición más estricta posible, y trabajamos para conseguirlo.

Vigilamos la conducta empresarial de los fabricantes de PFAS

Las empresas deben gestionar de forma proactiva su creciente exposición a los riesgos financieros, de transición y de responsabilidad legal asociados a los PFAS. Eso implica ser transparentes sobre qué PFAS producen, dónde los producen y en qué tipo de productos acaban. Ante la propuesta de restricción de los PFAS, los consejos de administración también deberían analizar con detenimiento, y comunicar con claridad, si tienen o no un plan para reducir progresivamente la producción de PFAS innecesarios y nocivos.

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