ClientEarth
10 de abril 2026
Precios del petróleo y del gas disparados, conflictos en el mundo, vulnerabilidad energética... los titulares de 2026 apuntan todos en la misma dirección: la guerra pone de manifiesto la fragilidad de nuestros sistemas energéticos y renunciar a la dependencia de los combustibles fósiles constituye un paso fundamental para nuestra seguridad y protección.
Pero, ¿qué entendemos exactamente por "seguridad energética"? ¿Qué incidencia tienen los conflictos en el mundo sobre el acceso seguro a la energía? ¿Y qué tenemos que hacer para tener mayor seguridad?
A continuación se incluye una reflexión sobre estas cuestiones.
El concepto de seguridad energética significa tener acceso a fuentes de energía fiables y asequibles. Se considera que alguien que tiene acceso a estas disfruta de seguridad energética.
Los mercados de los combustibles fósiles son muy volátiles, fuente de conflictos y están muy politizados. Los combustibles fósiles suelen acabar supeditados al comercio y la exportación, en lugar de conservarse para uso local. Depender de los combustibles fósiles, independientemente de su procedencia, es perjudicial para la seguridad energética.
Vivimos en un mundo que depende en gran medida de combustibles fósiles como el petróleo y el gas. La mayoría de los países son importadores netos de energía y dependen en gran medida de los combustibles fósiles importados para cubrir sus necesidades en materia de energía.
La volatilidad de los precios de los combustibles fósiles y la vulnerabilidad a las perturbaciones en el suministro se han puesto claramente de manifiesto con los últimos conflictos. A modo de ejemplo, la invasión de Ucrania en 2022 llevó a que los precios del gas y del petróleo se dispararan. Y, más recientemente, la guerra de 2026 en Oriente Próximo ha provocado, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), "la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial de petróleo”. También provoca el racionamiento de combustible en el sudeste asiático, lo que impide que las personas puedan trabajar al nivel habitual o las horas que suelen hacerlo por la falta de aire acondicionado.
En definitiva, cuanto antes llevemos a cabo la transición que nos aleje cada vez más de los combustibles fósiles, mayor seguridad energética tendremos.
La energía renovable suele verse mucho menos afectada por los conflictos, especialmente cuando se basa en un modelo descentralizado en el que se genera una cantidad considerable de energía a través de una red de infraestructuras a pequeña escala y distribuidas geográficamente: desde paneles solares en los tejados a energía eólica de propiedad comunitaria.
Las renovables hacen que dependamos en menor medida de la energía procedente de otros países
Tal y como hemos visto en las noticias con el estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el-Mandeb, los conflictos provocan interrupciones, retrasos y destrucción en la cadena de suministro de energía, lo que significa que los combustibles fósiles de los que dependemos en la actualidad no llegan cuando los necesitamos. Los países que producen su propia energía a través de renovables están mucho menos expuestos a este tipo de efectos colaterales.
Las renovables hacen que la energía que utilizamos sea más segura en términos económicos
Tal y como se ha indicado anteriormente, los costes de los combustibles fósiles dependen del mercado internacional y se encuentran en gran medida fuera de nuestro control. Por ello, estamos siendo testigos de la inflación galopante de los precios del petróleo y del gas como consecuencia de la guerra de 2026 en Oriente Próximo.
Contar con más energías renovables puede reducir la exposición a los precios volátiles del gas fósil. En la actualidad, el precio de la electricidad renovable está estrechamente ligado a la volatilidad de los precios del gas fósil y, por tanto, existe una oportunidad de orientar mejor los mercados energéticos para evitar este vínculo mediante la promoción de la conexión de más energías renovables a la red. Es decir, cuanto más rápida sea nuestra transición a las energías renovables, más estables serán los precios.
Los conflictos y las guerras suelen estar motivados por la lucha por el control de recursos finitos como los combustibles fósiles y, cada vez más, también por el cambio climático. Esto crea un "círculo vicioso" en el que la dependencia continuada de los combustibles fósiles provoca más conflictos y el cambio climático, lo que, a su vez, lleva a una mayor interrupción de las cadenas de suministro vulnerables de combustibles fósiles y a más crisis energéticas y subidas de precios.
La energía renovable se puede descentralizar
Con una red descentralizada de energía renovable, eliminamos más "puntos únicos de fallo", lo que hace que nos resulte más difícil perder energía incluso si la red nacional o las centrales eléctricas independientes se ven comprometidas, tanto dentro como fuera de las zonas de conflicto y mediante un ataque físico o cibernético. Esto adquiere especial importancia en el caso de las infraestructuras que prestan asistencia vital.
Las comunidades energéticas son un ejemplo de este tipo de sistemas descentralizados. Las comunidades energéticas permiten que las personas produzcan y compartan energía renovable a nivel local. Reducen las facturas, refuerzan la resiliencia y mantienen la energía cerca de los hogares. En toda Europa ya hay más de 8.000 comunidades energéticas.
Las renovables refuerzan la red eléctrica
Mientras que las infraestructuras de combustibles fósiles, como terminales de transporte de petróleo y gas u oleoductos y gasoductos están centralizadas en gran medida y expuestas a ataques y destrucción, resulta muy complicado destruir una red descentralizada de paneles solares o aerogeneradores de ese modo. Las infraestructuras de energías renovables, al estar distribuidas por distintos países, hacen que sea más difícil actuar contra su suministro energético.
Las renovables posibilitan la seguridad laboral a más largo plazo
Siempre que los cambios hacia la energía renovable se realicen de forma justa, con el apoyo adecuado para la reconversión de la mano de obra, estas fuentes de energía más sostenibles ofrecerán una seguridad laboral a más largo plazo a medida que la demanda de combustibles fósiles en Europa siga reduciéndose.
Las renovables contribuyen en menor medida a la crisis climática
Mientras que las renovables deben someterse a su propia evaluación de impacto ambiental para proteger los ecosistemas locales y los derechos humanos, en última instancia atenúan los efectos nocivos del cambio climático y ayudan a frenar los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos en todo el mundo.
Los fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático no solo perjudican enormemente a las personas y al medioambiente, sino que también amenazan con dañar la infraestructura energética, lo que significa que cuanto menos contribuya nuestro sistema energético a agravar los efectos del cambio climático, más seguros estaremos.
Además de pasar a un sistema descentralizado de energía renovable, también resulta fundamental que realicemos auditorías de nuestro consumo energético para evitar el despilfarro y el gasto innecesario de energía en una serie de ámbitos perjudiciales y contaminantes: desde la producción de productos petroquímicos y plásticos hasta las viviendas con filtraciones, la dependencia del coche y los centros de datos.
Esto ya ha comenzado a suceder en muchos países a raíz de las recientes subidas bruscas de los precios de la energía, como es el caso de una serie de medidas ambiciosas adoptadas a través de la iniciativa REPowerEU para reducir la demanda general de energía y el consumo de gas fósil. No obstante, necesitamos ir mucho más allá y garantizar que el consumo de energía aporta el máximo beneficio social en lugar de servir a los intereses particulares de determinadas industrias poderosas.
Algunos gobiernos y empresas declaran públicamente que, incluso si nos comprometemos a realizar la transición hacia las energías renovables, sería conveniente seguir explorando nuevas fuentes de petróleo y gas como una especie de "póliza de seguro" para el futuro.
Es cierto que quizá necesitemos pequeñas cantidades de combustibles fósiles en el futuro que nos sirvan como plan de contingencia, pero no hay duda de que no pueden constituir la principal fuente de energía en un futuro sostenible, al contrario de lo que muchas empresas de combustibles fósiles nos quieren hacer creer.
Existen numerosos motivos por los que debemos evitar depender de más combustibles fósiles:
1. Los nuevos yacimientos de petróleo nunca son una opción "por si acaso"
La ampliación de la oferta de combustibles fósiles "obliga" a su uso durante décadas e incluso incrementa la demanda. Existen grandes obstáculos económicos, políticos e incluso jurídicos para el cierre anticipado de los yacimientos.
2. Los combustibles fósiles son enormemente nocivos para las personas y el planeta
Los fenómenos meteorológicos extremos, el colapso de los ecosistemas, las afecciones médicas relacionadas con el calor extremo, la contaminación y las enfermedades zoonóticas, la escasez de alimentos, la contaminación del agua: la lista de perjuicios provocados por los cambios en el clima es larga y está en constante evolución, y los combustibles fósiles son los principales culpables. En definitiva, la dependencia del carbono garantiza un futuro menos seguro y más convulso.
No solo se trata del daño al planeta. El tribunal de mayor rango, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), explicó recientemente en un Dictamen que, para disfrutar de los derechos humanos, es necesario contar con un medioambiente saludable y precisó que la producción continuada de combustibles fósiles es parte de aquello a lo que hay que poner fin.
3. Nos hemos comprometido a cumplir unos objetivos climáticos jurídicamente vinculantes debido a los daños que provocan los combustibles fósiles
En virtud del Acuerdo de París, nos comprometimos a limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 ºC, lo que requiere el abandono progresivo y definitivo de los combustibles fósiles. Por ello, no se pueden acometer nuevos proyectos.
Si se hace uso de la cantidad de combustibles fósiles que ya tenemos en desarrollo, sobrepasaremos el objetivo de 1,5 ºC al que nos comprometimos.
4. Sería una mala inversión financiera
Los nuevos proyectos de petróleo y gas se encuentran en riesgo de convertirse en "activos varados", inversiones que ya no son viables a medida que se reduce su demanda debido a los cambios del mercado hacia alternativas más ecológicas.
Seguir dependiendo de los combustibles fósiles en el futuro implica seguir dependiendo de una fuente de energía con una gran volatilidad en los precios y en la dinámica de la oferta, lo que nos expone a más subidas bruscas de los precios y a interrupciones del suministro, tal y como está sucediendo en la actualidad. Este tipo de puntos débiles pueden sentirse de manera especialmente aguda en el caso de las pequeñas empresas y de los hogares con ingresos más bajos.
Eliminamos los obstáculos para que las comunidades energéticas puedan echar raíces en toda Europa y, para ello, promovemos la generación de energía local y resiliente que beneficia directamente a las comunidades en las que se encuentran.
Cuestionamos la construcción insostenible de nuevos centros de datos que consumen mucha energía, ya que llevaría al límite a las ya sobrecargadas redes eléctricas y daría lugar a una nueva generación de energía a partir de gas fósil.
Cuestionamos los planes del gobierno alemán de subvencionar nuevas centrales eléctricas de gas fósil, lo que ataría a este país, que ya depende en gran medida del gas, a un futuro de combustibles fósiles.